La idea matriz, en este caso, sin embargo, es la siguiente: ¿Qué ocurriría si en un momento determinado la humanidad entera perdiera la conciencia por más de dos minutos? ¿Si se durmiera en medio de sus actividades cotidianas, como si alguien desconectara su energía psíquica, tal como nosotros desconectamos nuestros aparatos electrónicos? Por otra parte, ¿qué ocurriría, si aparte de eso, cada persona pudiera vislumbrar su futuro o algún aspecto de su futuro, algún día específico, durante este lapso de ausencia, esta suerte de sueño colectivo? Pues bien, gracias a la nueva serie del canal ABC creada por Brannon Braga, David S. Goyer y Robert J. Sawyer, entre otros, y basada libremente en la novela FlashForward (2000) de este último, podemos hacernos una idea aproximada acerca de semejante hipótesis.
La fecha escogida es el día 6 de octubre de 2009, con consecuencias desastrosas para el mundo, o al menos para su hemisferio occidental, en que la serie se detiene, como es de suponer tratándose de una producción estadounidense. Descarrilamientos, explosiones, incendios incontrolables, accidentes aéreos son contemplados por un maltrecho hombre que logra salir de su coche volcado, como si se tratase del indeseado testigo de un anticipado Apocalipsis. Así comienza el primer episodio, con el desastre, la histeria, el caos. Pero no todo es ruina. O no para todos. Como consecuencia colateral de este prodigioso acontecimiento, cada ser humano ha sido obsequiado con la capacidad vislumbrar lo que estará haciendo medio año más tarde, el 29 de abril de 2010 [1] exactamente, lo que origina toda suerte de expectativas, complicaciones y aprensiones en la misma intimidad de cada uno de los involucrados, es decir, virtualmente toda la población mundial.
Inesperadamente, la mayor parte de las visiones a las que tenemos acceso como espectadores en cada episodio contradice lo que los personajes creen que ocurrirá o desean que ocurra en dicha fecha, como el hecho de que el doctor Bryce Varley (Zachary Knighton), a punto de ponerle fin a su vida de modo voluntario, vislumbre un tierno encuentro con una chica oriental a la que no conoce en un lugar que no conoce; que la oficial Janis Hawk (Christine Woods), una solitaria y trabajólica lesbiana experta en informática se vea realizándose una ecografía, felizmente embarazada, o que un retorcido nazi prisionero de por vida en una cárcel de alta seguridad en Munich contemple su regreso a Estados Unidos, luego de obtener una inesperada amnistía merced a las claves que ha proporcionado acerca de los acontecimientos. Por un incomprensible evento global, todo el mundo se ha convertido en una especie de profeta de su propio destino y el futuro parece determinar cada una de las acciones que en adelante sean tomadas, trastornando el presente.
La acción transcurre, fundamentalmente, en Los Angeles, siendo sus protagonistas los infaltables agentes del FBI, dirigidos por Standford Weddeck (Courtney B. Vance), un ambicioso oficial negro con vínculos no del todo claros ni limpios con una serie de políticos encumbrados en las más altas esferas, tales como el propio presidente de la nación (Peter Coyote) y una ambiciosa senadora republicana que se ha visto a sí misma como la nueva presidenta, con una especial atención en el agente especial Mark Benford (Joseph Fiennes [2]) y su familia, compuesta por su mujer, la cirujana Olivia Benford (Sonya Walger [3]) y su hija Charlie, además de su compañero, el detective de origen coreano Demetri Noh (John Cho) quien, como algunos otros —parte de los cuales formarán la extraña secta hedonista Already Ghosts—, no ha tenido ninguna visión de su futuro, lo que le hace sospechar que en vez de casarse con su prometida, estará muerto.
Sin ir más lejos, es a través de los ojos de Benford que contemplamos el desastre del primer capítulo y es su propia visión del futuro la que posibilita la investigación acerca del apagón (black out), como pasa a denominarse el prodigio, dando origen al proyecto “Mosaic Collective”, un sitio web que recopila y permite cruzar la información recibida acerca de las visiones del futuro, en busca de patrones que permitan desentrañar el misterio.
Como Leonard Shelby, protagonista de Memento [4], Benford debe reconstruir o, mejor aún, construir no el pasado sino el futuro planteado por su borrosa visión, atando numerosos y aparentemente inconexos cabos en su atiborrado tablero. Pero hay un problema. O más de uno, en realidad. Como su propio amigo y padrino, Aaron Stark (Brian F. O’Byrne), quien se ha visto hablando con su hija Tracy, supuestamente asesinada en la guerra de Irak, Benford es un ex alcohólico que, tras siete años de abstinencia, vuelve caer en la bebida mientras lleva a cabo su pesquisa, de acuerdo con su flash forward. De ahí, tal vez, la ambigüedad o la poca claridad de lo que puede recordar, lo que genera toda suerte de suspicacias en su propio equipo debido, en parte, al enorme presupuesto implicado. Como si esto no fuera suficiente motivo de ansiedad, Benford se entera de que su mujer se ha visto a sí misma acompañada de otro hombre con el que parece estar relacionada sentimentalmente, en su propia casa matrimonial, lo que agrega aún más tensión a la rutina de Benford. Por otro lado, dicho hombre no es sino el padre de uno de los pacientes de su esposa, Lloyd Simco (Jack Davenport), un carismático científico que parece más implicado que el resto en el apagón, a juzgar por las apariencias y su propia, pública y arriesgada confesión. Por lo menos, es lo que el mismo cree, considerando que a la hora del apagón él y su ambicioso y escurridizo compañero, Simon Campos (Dominic Monaghan), a quien hemos tenido la oportunidad de ver como el rockero Charly en Lost, estaban desarrollando un ominoso experimento científico de proporciones insospechadas.
En definitiva, Flash Forward se compone de una inextricable maraña de historias que poco a poco comienzan a mostrar sus conexiones ocultas, suscitando nuestro interés por saber cómo se resolverá todo y si sus guionistas estarán a la altura de uno de los más audaces proyectos televisivos de los últimos años. Esperemos, sinceramente, que no se pisen la cola ni se pierdan en el intrincado laberinto que han generado, como en parte parece haberle sucedido a los creadores de Lost, debido con toda probabilidad al deseo de lucrar a toda costa con una intriga innecesariamente prolapsada. El futuro, por ahora, apenas comienza.
Guillermo Riveros Álvarez
[1] Lo que no puede considerarse sino como un guiño narcisista privado, considerando que dicha fecha no es otra cosa que el cumpleaños del mismo Robert J. Sawyer.
[2] A quien hemos visto como el tortuoso oficial Danilov en la soberbia cinta bélica Enemy at the Gates (Enemigo al acecho; Annaud, 2001) o como el mismísimo bardo en la premiada Shakespeare in love (Shakespeare enamorado; Madden, 1998).
[3] Penelope Whitmore en Lost.
[4] Comentada con detalle en la reseña acerca del director británico Christopher Nolan de julio de 2005. Disponible en el sitio: nosolodelanviveeltripulante.blogspot.com.